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Escribir es recordar la historia tal y como sucedió

Escribiendo un caracter a la vez de Sai Baba un viaje sin retorno

Escribiendo un carácter a la vez de Sai Baba un viaje sin retorno

Siempre he querido ir mas rápido pero termino yendo a mi propio ritmo, es como un Maestro que conocí que me decía:

Siempre quiero llegar temprano…pero termino llegando a la hora que llego!

Pues voy al ritmo y a la melodía que puedo. Aquí les comparto un extracto de otro capítulo de Sai Baba un viaje sin retorno!

“…Junto a Nadir aprendí como cantar con el corazón, para aquellos que se preguntaran de quien estoy hablando, les explico, hay personas con dones y hay dones en cada persona, pero algunas personas verdaderamente llevan esos don como un estandarte, como un escudo, como un Parapeto, haciendo de sí mismos un pilar de apoyo para muchas personas y afectando de múltiples maneras en las vidas de quienes los conocen. Ese es mi hermano espiritual Nadir, quien con su guitarra y su voz me enseño lo vital y necesario para sentir y vivir la música, pero la música dedicada al alma, al amor, a Dios. A esa energía de la que somos parte bajo sus miles de nombre y formas. Recuerdo que hacíamos unas rondas de cantos, donde sin problemas podíamos perder la noción del tiempo y algunas veces quedarnos afónicos cantando el nombre de Dios, que por muy complejo que parezca, es eso, cantar el nombre de Dios. Es elegir el nombre que más te guste de esa energía o entidad o como quieras llamarle, y cantarle con el corazón. Muchas noches reímos y lloramos al son de la canción, al son del corazón que lleno de sed de Dios y de cantar su nombre, no podía hacer otra cosa que cantar su nombre. Y algo sucede cada vez que cantas a los divino. Es como si los pensamientos se quedaran “dormidos” o más bien encantados por la melodía. Si bien como toda practica requiere disciplina y constancia, utilizábamos cualquier excusa para practicar el canto a Sai como Padre como Madre y como Dios.

      Cantarle a Dios es muy parecido a orar, pero añadiendo rima ritmo y melodía. Recuerdo las bromas que solíamos hacernos, a manera de juego, hablábamos de quienes estaban “liberados” de todo apego mundano, y siempre cerrábamos con la frase: “cuando vayas a India de seguro Baba, te va a recibir con los brazos abiertos y claro te va a materializar un anillo de 9 planetas, porque eres…”, esto se tornó un hábito muy gracioso, que nunca supe sino hasta unos años después y tu leerás en los siguientes capítulos de este libro, se haría real, como diciendo: “La palabra hablada tiene poder, la palabra cantada es igual de poderosa, y los juegos de palabras, a veces, entre juegos y risas anuncian verdades venideras”.

A medida que pasaban los días en mi cabeza rondaba el deseo de ir a la India, pero en ese momento no era posible para mí, porque no contaba con el dinero y debo decir que aún podía “aguantar” un poco más de la realidad común y del quehacer diario sin sentirme totalmente atribulado. Fue entonces, en el momento que más lo necesitaba y menos lo esperaba, apareció Jairo, Jairo Borjas.

Jairo había vivido en India y llevaba consigo un sin fin de experiencias a los pies de Sai, pero eso no fue lo que más llamó mi atención. Lo que en realidad despertó en mí una curiosidad atroz fue el conocer una persona que trasmitiese una calidez y una transparencia única en su estilo. Si debo catalogarlo de alguna manera me atrevería a decir que uno de sus dones en particular es “Transmitir de manera muy pura” esa energía que Yo ya conocía, por lo cual estar a su lado fue literalmente como colocar un tornillo cerca de un imán, hubiese sido imposible que la física se equivocase.

Ese tiempo fue realmente una bendición y una preparación para lo que vendría después, de eso estoy seguro. A menudo veo la vida como una gran Universidad, donde los punto se van conectando llevándonos de materia en materia, de mentor en mentor, un paso a la vez. Cuando dije que ese tiempo fue una bendición, lo digo porque tuve entonces mucho tiempo para continuar mi profundización en los cantos, en la meditación, de estudiar las técnicas, que muchas de ellas debo confesar las ha dado Swami desde hace mucho tiempo atrás en sus discursos, y practicar con el deseo incansable e inclemente de darlo todo por permanecer en ese “lugar” si puede llamársele de alguna manera, donde sentía y vivía el amor a plenitud.

      Luego de unas semanas conociendo a Jairo y a su familia, me invitaron a un seminario, donde decían ellos, Yo iba a experimentar a Dios en primera segunda y tercera persona, es decir, experimentar a Dios en directo, cosa que ya había sentido y vivido de muchas maneras trabajando con la organización Sai, pero en realidad Yo no tenía ni idea de la capacidad de mi corazón para dar y recibir amor en un instante de tiempo. Cuando digo dar y recibir amor, debo aclarar y preguntar: De qué clase de amor estamos hablando?, Que hacían en ese Seminario Ser?, En qué tipo de técnicas es posible experimentar el amor a plenitud?, pues bien, si estás bien familiarizado con esto, como devoto o aspirante espiritual (término que hoy día no es de mi gratitud, pero de eso hablaremos más adelante) de seguro te habrás reído un poco al leer esa parte, en cambio, si no estás familiarizado con esas prácticas, pues permíteme darte una explicación y verás que simple y que familiar es todo esto, y cuanto uso hacemos en nuestras vidas diarias, pero con el paso del tiempo lo hemos olvidado o etiquetado bajo otros nombres.

      Llego el día de mi primer seminario, confieso que estaba nervioso pero confiado pues ya conocía a casi todo el equipo de trabajo, quienes tenían el adjetivo de “Ángeles” y ciertamente una vez que los velos de la ignorancia caen y la mente se detiene, puedes percibir más claramente la realidad inherente a la divinidad en todo, así que en ese estado era muy fácil verlos como Ángeles. A medida que el Seminario y sus procesos de observación e introspección pasaban, Yo me sentía como “Pez en el Agua” y el hecho de saber que era la misma energía que ya conocía me daba la confianza de abrirme a cada proceso.

Yo estaba sentado como participante, pero en mi crecía la necesidad de ser parte del equipo, sentía la necesidad inclemente de manifestar a otras personas, eso que estaba sintiendo. Empecé a ver cada proceso y darme cuenta que eran las enseñanzas de Sai puestas en práctica, pero sin hacer uso de su nombre de manera directa, lo cual me parece la mejor manera de acercarse al público común que mucha contaminación tiene de dogmas y religiones.

“Quién Eres?” Repetía Jairo en el micrófono, “Quien realmente eres?”. La pregunta resonaba en mi cabeza una y otra vez, al principio mi mente estaba llena de conceptos: “Yo soy Saturno, Yo soy un Joven con un zarcillo en la oreja, Yo soy un fallido estudiante de arquitectura, Yo soy alguien que desea sin saber porque ir a la India”. “Cierra tus ojos” y escucha esta canción.

Hay momento en la vida cuando tenemos eso que llamamos “Deja vu”, yo los tengo muchas veces incluso en sueños logro ver cosas que aún no han sucedido y me considero una persona normal, porque al menos, eso es normal para mí. En ese instante de tiempo con los ojos cerrados, podía percibir el ambiente, Yo estaba de pie, con los brazos a los lados, y a la distancia pero con fuerza una voz cantaba, era Argelia, la esposa de Jairo y facilitadora del seminario quien con una voz supremamente angelical, hacía que de mis ojos brotaran lágrimas y mi pecho se expandía al vaivén de mi respiración. Allí solo escuche. En ese instante no había tiempo, solo un silencio, pero un silencio que lo abraza todo y me daba esta sensación de ligereza en mi cuerpo. Al final de la tarde de ese Sábado me recuerdo muy emocionado de haber encontrado esa energía en las demás personas de manera tan natural, era el mismo Baba. Un proceso que me tocó por la manera en que se desenvolvió, fue cuando debíamos contar a otros como pensábamos que podíamos experimentar a Dios, y todo esto hablándolo cara a cara con cada participante de manera aleatoria recorriendo el salón. Yo tenía mi respuesta en mi mente, pero ciertamente me daba un poco de vergüenza decirla, así que como tenía otras rondando pues dije esas, y en cierto punto el proceso fue incrementando su velocidad y cada vez íbamos cambiando de personas con mayor frecuencia, cuando de pronto las respuestas que cada participante me daba eran tan honestas, tan llenas de esa humanidad que es parte de mi existencia, que no podía evitar llorar de felicidad escuchando cada persona ( hago paréntesis mientras escribo esto para compartir que mientras lo escribo todo eso viene a Mí y no puedo sino agradecer y llorar) y de pronto se acerca un Participante con el rostro rojo y grandes lágrimas en sus ojos, estaba vestido de blanco y me dice: “Yo pensaba que tenía que morir para experimentar a Dios en la tierra”. Esa frase hizo desbordar en Mi un sentimiento de unidad, de saber que en su estado más puro y esa persona y Yo éramos uno y lo mismo, porque esa respuesta la había evitado Yo desde que había iniciado el ejercicio.

Esa noche me retiré en silencio, pues esa era una de las tareas, vivenciar desde el silencio y observar todo lo que sucede a nuestro alrededor sin identificarse con los objetos que vemos. A la mañana siguiente regresamos al taller y debo confesar que la conexión con cada participante era increíble, la manera de mirarlos, de verlos, había cambiado totalmente, si el día anterior había juzgado algunos por cómo se veían, ciertamente el día siguiente los conocía no por lo que aparentaban, sino por lo que en su sentido más puro realmente eran esas personas, energía y amor. Me sentí en familia, sin nombres, sin esquemas, solo honestidad de tener una meta en común, el amor desinteresado por sobre todas las cosas.

      La tarde del Domingo fue .. debo decir que aunque difícil de explicarlo en palabras, me atreveré a hacerlo teniendo el máximo cuidado de cada detalle. Muchas veces has escuchado hablar del Paraíso? Como lo Imaginas? Que cosas suceden en ese Paraíso? Como se ven la personas en ese Paraíso?. Decir que el momento era perfecto, sería etiquetarlo, compararlo con el momento más feliz de mi vida, donde tanta felicidad me asustaba, pues sería más cercano a lo que viví recibiendo el Alimento del Universo, un proceso que me permitió expresar con palabras lo más hermoso que mis palabras y mi mente pudiesen imaginar a otra persona, así como recibir sus cálidas palabras, sus miradas, las cuales debo decir me iluminaban como un millón de soles directamente a la cara, llenando cada espacio de mi ser, soltando todo nudo de mi garganta que apenas y podía continuar gesticulando lo que mi corazón quería expresar, y ese algo era simplemente Amor. Si has tenido un momento en tu vida cuando el tiempo se detiene, tus pensamientos se hacen vulnerables y tu cabeza simplemente deja de pensar, y en ese momento solo puedes sentir gratitud de estar vivo, gratitud de sentir, de tener un cuerpo, entonces Bienvenido al Seminario. Y si no entiendes lo que trato de explicar, no te preocupes que en su momento llegará.

Desde niño anhelé tener una experiencia con lo que llamaba el Espíritu Santo y esa tarde comprendí que ese Espíritu Santo decidió tomar un cuerpo, vivir y experimentar, caerse, mentirse, amarse, porque es tan hermoso que se permite perderse para luego encontrarse, porque tiene muchos rostros y muchas caras, pero su esencia es una y la misma energía, eres Tu, soy Yo, es Baba….

 

 

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